martes, 5 de noviembre de 2013

Relaciones Interpersonales

LOS TRIUNFADORES


También se les conoce como “vividores”, porque tienen arte, mucho arte en la picaresca del buen vivir. Hay que reconocerles su mérito, ya que son una minoría privilegiada, respecto a la gran masa de los ciudadanos. Se saben hasta la última coma del “Lazarillo de Tormes”; y lo llevan a la práctica como si del mismo personaje se tratara.
 La vida son dos días, es el planteamiento vital de un trinfaor. Hay que vivirla a tope. Y es, en ese vivir a costa de los demás, donde rentabilizan su triunfo. Superan al “Lazarillo”; están muy actualizados en el siglo XXI, y son capaces de representar a diez o quince personajes en un mismo tiempo.
Los “trinfaores” asumen el papel de: “cuentacuentos”, “expertos en humo”, “acomodaos”, “trepas”, etc. Y lo escenifican a la perfección, de tal manera que ustedes difícilmente podrán distinguirlos. Quizás puedan detectar a uno de ellos, porque en estos tiempos de grave crisis, se les empieza a desmaquillar.
Pertenecen a distintos colectivos y sectores; pero lo que les une de manera fraternal es su idolatría a la vida buena, su lema es “TO PA MI”, y yo añadiría: “Y PA TU COMPADRE”. Los “trinfaores”, viven muy bien, y hay que reconocerles que generan actividad a su alrededor, tienen sus grupitos de seguidores, y aspirantes a “triunfitos”.
¡Qué poquitos son, y cuanto daño están causando al buen funcionamiento de la economía, y de la sociedad democrática! No crean ustedes que sólo están en las alturas de las instituciones, de todo tipo, también están posicionados en niveles jerárquicos medios; estos últimos tienen un trabajo extra de aparceros del “triunfaor señorico”.
Es muy necesario crear el colectivo de “LUCHAORES”, que pongan en valor con valentía y transparencia, comportamientos ejemplarizantes de miles de ciudadanos, que se preocupan por sus circunstancias personales y laborales; y también ayudan a los demás, aportando beneficios colectivos a la sociedad.
Desde mi punto de vista, uno de los graves problemas que nos sume en un estancamiento económico y social, es el enorme poder que tienen estos “TRIUNFAORES”, que en muchos casos, utilizan dinero público para costearse sus caprichos, de ambiciones desmesuradas.


EL INCONSCIENTE COMPETITIVO


                                      
No es lo mismo ser competitivo, que parecerlo. Nos dicen los sociólogos que vivimos en la sociedad de la apariencia, donde no importa lo que uno es, sino lo que “aparenta ser”.

Como estrategia inicial, aparentar, es rentable; el problema surge cuando hay que demostrar la calidad de los productos, la excelencia de los servicios, la realidad tangible y palpable.

A muchos directivos, les gustaría permanecer en una burbuja acogedora, donde la vida pasa sin sobresaltos; donde la continuidad de la gestión empresarial, es el referente para la estrategia gerencial; donde la “cultura de la acomodación”, impregne hasta el ultimo rincón del INCONSCIENTE CORPORATIVO.

El inconsciente colectivo de un país, de una región, de una provincia, traspasa todo tipo de estructuras organizativas. Un país con una cultura excesivamente burocrática, poco emprendedora, y tendente a la pasividad creativa, impregna, lamentablemente la cultura corporativa de cualquier tipo de organización.

Para ser competitivas y poder afrontar sin prejuicios, ni temores, los cambios que se avecinan a todos los niveles: económicos, de los mercados, sociales; las empresas deben estar dirigidas por excelentes equipos directivos.

Un estilo de dirección gerencial, cuya misión es la excelencia, en todos los sectores de la organización, utiliza como herramientas estratégicas: la coherencia y la transparencia; generando una cultura de compromiso laboral.

Nada mejor, para comprometer a todos los miembros de la empresa, como el ejemplo diario del equipo directivo; predicar con el ejemplo genera una auténtica CREDIBILIDAD, a los planteamientos de visión y misión gerencial.

La organización informal de las empresas, es una enorme fuente de información objetiva sobre el INCONSCIENTE COMPETITIVO. Como bien sabemos, la cultura de cada empresa es única, un mundo de relaciones interpersonales, que cohabitan un espacio corporativo al que solemos llamar “vida laboral”.

Las nuevas técnicas y métodos para mejorar la organización del trabajo, y con ello, la productividad y el rendimiento de las empresas, profundizan en el sutil entramado de las relaciones humanas en la empresa. La dirección de la empresa, con el apoyo del departamento de personal, debe crear continuamente unas relaciones humanas saludables; con intencionalidad y un egoísmo (saludable) de generar compromiso sincero con los objetivos de la organización.


Es preocupante, que en algunas empresas, habite un conformismo gerencial, generador de una cultura y un inconsciente corporativo acomodado.


INFRAESTRUCTURA MENTAL

Nada mejor que una mente bien amueblada para dirigir una empresa. Una mente generadora de pensamientos constructivos, deseosos de verse plasmados en realidades productivas.

Un directivo que quiera avanzar hacia el concepto de excelencia profesional, no debería, desde mi punto de vista, amueblar su vivienda profesional, sólo con cifras a corto plazo; ni dejarse atrapar por la inmediatez de lo urgente.

Aquellas empresas que están dirigidas por excelentes profesionales, no sólo evolucionan bien sino que benefician al conjunto de la sociedad. Estos profesionales, inquietos y preocupados por la empresa que dirigen, no dejan vacío el compartimento social.

No es necesario tener una mente prodigiosa para ser un excelente profesional; igual que no se requiere una vivienda de lujo para ser feliz. Cualquier profesional puede sentirse desarrollado y aportar un cien por cien de su rendimiento. La intencionalidad de querer mejorar, es para mí, un requisito esencial para llegar a ser un buen profesional.

Una mente sana y equilibrada sabe lo importante que son los sentimientos para incrementar la competitividad. La inteligencia emocional, tan de moda últimamente, en el ámbito empresarial, no es otra cosa que gestionar inteligentemente las distintas emociones que sentimos los seres humanos; y sobre todo aprender a gestionar las emociones negativas: miedo, odio, rencor.

Muchas empresas, que poseen grandes infraestructuras, desaparecerán ante la inevitable competitividad, ya que no valoran suficientemente las INFRAESTRUCTURAS MENTALES de quienes las componen, para afrontar las exigencias de los mercados.

¡Imagínense lo importante que es amueblar emocionalmente los distintos departamentos de una empresa! Cuantas más mentes estén impregnadas de una cultura empresarial cuyo principio sea la excelencia organizacional, más sólida será la infraestructura organizativa; y de mayor resistencia estará dotada la empresa para hacer frente con éxito a los inevitables y peligrosos movimientos sísmicos que producen los mercados.

Siendo, todo lo anteriormente expuesto, en este breve y sencillo artículo, de sentido común, ¿por qué nos empecinamos en seguir amueblando lujosamente los despachos de aquellos directivos que no quieren mejorar la infraestructura mental de la empresa? Posiblemente, al igual que ocurre con los decorados cinematográficos, seamos más felices y nos sintamos más seguros autosugestionándonos con imágenes de ficción.

Lamentablemente se infravaloran a muchas mentes creativas que tantos beneficios pueden generar si se les tuviera en consideración sus propuestas edificadoras, eficaces y rentables para todos.


ESCENAS HUMANAS EN LA EMPRESA

Texto de JAVIER VILLALVA (Experto en Comunicación Interna de Empresas)  sobre el libro: "ESCENAS HUMANAS EN LA EMPRESA"


Días atrás, hará un par de semanas, o tres, tal y como habíamos quedado, fui alertado por Manuel López Jerez, quien tuvo la amabilidad de darme a conocer la noticia de la autoedición de su segundo libro (Escenas humanas en la empresa), gesto que le agradecí y por el que me sumergí en esta nueva lectura.

Hay algo en el “explicaor almeriense” que suscita toda mi simpatía. Con toda probabilidad sea la intencionalidad con la que me parece que salpica sus manifestaciones y que bien pudiera resumirse en una pregunta que él mismo formula: ¿Quién sirve al servidor?

En esta entrega nos ofrece 39 reflexiones cuajadas de denuncia, como si nos invitara a un ‘recital protesta’ instándonos a acometer -“ahora” y sin pérdida de tiempo- la necesaria ‘transición’ transformadora de la empresa española.

Con un estilo propio, cargado de sencillez y de naturalidad, hace desfilar figurines como “los acomodados, los expertos en humo, los triunfadores de salón, los expertos en algo, los rostros pálidos, los lobos esteparios…, los listos” y figurantes como el ‘liao’, el invisible estratega, el profesional ‘corcho’, el directivo analítico o el bueno, el feo y el malo…

La crítica empresarial del “explicaor almeriense” me parece que pretende ejercer de revulsivo; la prueba es que la trasciende ofreciendo modelos, pautas y propuestas, con la misma naturalidad de quien cargado de sentido común señala con el dedo el camino del entendimiento, de la comunicación, del acercamiento y del servicio.

Modelos cercanos, desprovistos de anglicismos y aspavientos, que tienen en común un sencillo principio “Divide y perderás; une y vencerás”.

Manuel es un observador del entorno, de las empresas, un gran ‘escucha’ que analiza y asimila, teniendo el acierto de fijarse en “los clientes internos” y en los numerosos héroes cotidianos. Mención especial le merecen José Salmerón, patrón del Mar de Alborán, y Gerundio Fernández, en mi jerga, un auténtico M3, cuyo nombre de pila ha sido tomado por la gente para identificar los productos de su arte; las Gerundinas.

Felicito al autor por la publicación de su segundo libro y, principalmente, por sus contribuciones que me parecen meritorias en dos ámbitos: identificación de 'disfunciones' empresariales e indicaciones iniciales para ponerse en camino de subsanarlas.


ESTE LIBRO SE PUEDE ADQUIRIR, EN FORMATO PDF, EN EL PORTAL INTERNACIONAL WWW.LULU.COM


¡SOLUCIONES!

Me preocupa mucho escuchar a  profesionales del ámbito del asesoramiento en gestión empresarial la frase – AQUÍ NO-, refiriéndose a que los empresarios, no quieren servicios de calidad en la parcela de los Recursos Humanos.

Siempre he tenido muy claro que los empresarios necesitan y quieren SOLUCIONES: prácticas, eficaces y si es posible económicas, a los diversos problemas que en el día a día del buen gobierno de su empresa, se les presenta.

Yo pregunto: ¿quién tiene la obligación de ofrecer a su cliente todo tipo de herramientas de gestión empresarial que solucionen problemas y mejoren el rendimiento organizacional? El empresario sabe y conoce muy bien la actividad a la que se dedica, pero lógicamente no es un experto en las diversas materias que deben aplicarse para garantizar la sostenibilidad de su empresa.

¿Han escuchado ustedes la frase - “en España no hay empresarios”? No comparto, en absoluto esta opinión, pues el dinamismo empresarial de nuestra país ha demostrado que:  -AQUÍ SÍ- existe un espíritu emprendedor.      
   
Teorizar sobre emprender, ser emprendedor, hacerse emprendedor, es muy fácil; lo difícil es arriesgar el poco o mucho patrimonio de  quien con mucha valentía se atreve a la gran aventura de iniciar una actividad empresarial.

 El profesional con vocación, que tiene muy asumido la ÉTICA en la prestación de sus servicios, no escatima oportunidades para cumplir con su deber de velar por la mejora del servicio que presta a sus clientes.

 La cultura de la excelencia empresarial, debe partir de la iniciativa del profesional que bajo la premisa “servicio de calidad”, ofrece herramientas estratégicas de gestión empresarial a sus clientes, SOLUCIONANDO problemas y previniendo situaciones conflictivas, que tanto perjudican el RENDIMIENTO ORGANIZACIONAL.

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